Nota

La IA también puede sentarse en una mesa compartida

Cada persona puede desarrollar una idea con su IA. También podemos construir espacios para que esas ideas se encuentren y cambien.

Portada «Volver a pensar juntos»: tres manos de cartón modifican bocetos sobre un cuaderno abierto, conectado a una pequeña máquina que aporta otra pieza.
Imaginada por humanos. Creada con IA.

Pensemos en dos o tres personas que están armando una campaña. Cada una puede llegar con una idea trabajada con su asistente. Todavía falta ver qué pasa cuando la pone en común y otra persona la cambia.

Podrían seguir la charla con esos asistentes presentes. O probar con una IA compartida que ayude a ordenar lo que va apareciendo. También podrían combinar las dos cosas. Habría que descubrir qué le sirve al grupo en cada momento.

En el equipo creativo que estudió RSM (abre en otra pestaña), pasos que antes pasaban por distintos oficios se concentraban en el ida y vuelta de una persona con la herramienta. Se reducían los intercambios, junto con las ocasiones para que alguien sumara otra interpretación.

Volver a cruzar las ideas

La autonomía tiene algo valioso: podés llegar más lejos con una intuición antes de pedir ayuda. También vale cuidar ese momento en que alguien escucha una idea a medio hacer y le encuentra una salida que no habías visto.

En esa mesa imaginada, una persona propone una escena y otra la entiende de otra manera. La IA podría armar una variante para que todos la vean y la discutan. El intercambio sigue entre las personas; la herramienta participa sin tener que resolver cada desacuerdo.

En una charla así puede haber diferencias o un dibujo que alguien no entiende. Parte de esa fricción puede servir para pensar: hace aparecer algo que no estaba en el planteo inicial. Vale dejarle lugar cuando abre una posibilidad o cambia una decisión.

En el experimento de P&G (abre en otra pestaña), personas que trabajaron con IA llegaron a propuestas de una calidad comparable a la de equipos sin IA. Además, combinaron mejor lo técnico y lo comercial. El hallazgo abre una posibilidad: una herramienta puede acercar perspectivas que antes estaban más separadas. Cómo llevar eso a una charla creativa entre varias personas es algo que todavía tendríamos que probar.

Compartir también lo que falta decidir

Para probarlo, el contexto común podría ser algo sencillo: qué queremos lograr, qué descartamos y por qué, qué sigue en duda. La IA puede ordenar ese registro y proponer conexiones. Las personas tienen que poder corregirlo, incluso cuando el resumen suene convincente.

Una duda bien compartida puede servir más que tres respuestas terminadas.

Compartir contexto tampoco significa volcar todas las conversaciones privadas. Podemos elegir lo que el proyecto necesita y dejar claro quién puede verlo. Lo útil es que otra persona pueda entrar en el razonamiento y cambiar su rumbo.

Podríamos empezar por una idea a medio hacer y seguir charlando entre varios, con la IA a mano. Ver qué pasa cuando otra persona la lleva a un lugar que no habíamos considerado.

Fuentes

La reunión y la propuesta de contexto compartido son escenas y posibilidades editoriales, no una metodología validada en estos estudios. RSM describe un estudio etnográfico en un equipo creativo; P&G, un experimento con 776 profesionales en desarrollo de productos. Se consultaron resúmenes originales e institucionales; no se afirma lectura íntegra de los artículos. Ningún ejemplo relata una experiencia personal de Max.

Formato
Nota